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Julieta en la Tierra de las niñas presenta

99 Posteado por - 10 febrero, 2018 - [XX]iencia, 11F

Sofía Otero Cavada, magíster en Comunicación de la Ciencia y directora del proyecto Julieta en la Tierra de Las Niñas (Discurso elaborado para presentar los Premios Ciencia Joven 2017).

La primera vez que le envié una carta al Viejo Pascuero, no se la escribí, la dibujé, porque aún no sabía leer y escribir. La dibujé junto a mi hermano, de casi mi misma edad, y usamos una misma hoja. Yo pedí una guitarra y una nave espacial, para no seguir montándome sobre la aspiradora en mis expediciones imaginarias a Saturno.

Desde aquella navidad, odié al Viejo Pascuero: yo recibí una muñeca y una plancha, y mi hermano la guitarra y un tren. Seguro el anciano miope no entendió nuestros dibujos y ante su incapacidad, aplicó la salomónica dictadura de género, la misma que por ser niña me limitaba a la crianza y lo doméstico y a mi hermano lo invitaba a crear y explorar.

¿Cómo gatillar el interés por las ciencias en las niñas cuando antes de que podamos leer y escribir ya nos dicen cuál es nuestro supuesto lugar en esta sociedad?

Sí, han pasado casi 30 años de aquella navidad, pero no mucho ha cambiado. Los invito a buscar en Google “juguetes de niño”, y luego cambiar tan solo una vocal y buscar “juguetes de niña” y les caerá el tsunami rosa en sus pantallas. Sí, hoy estamos más conscientes de este problema, pero aún no existen demasiadas acciones concretas que desafíen esta realidad. Nosotras, a través del Proyecto Julieta en la Tierra de las Niñas, que creó un producto para estimular la exploración de la naturaleza específicamente para ellas, quisimos aportar a este desafío. El gran interés que este proyecto generó en las escuelas, las familias y los medios, nos hizo darnos cuenta de cuán pocas son las iniciativas que trabajan con esta enorme necesidad.

Es cierto, son poquísimas, pero las hay, y el premio de Innovación en Educación Científica de la Fundación Ciencia Joven es una iniciativa que busca reconocer y difundir programas o productos que se muevan en esta dirección, de innovar e impactar positivamente en la educación científica de escolares, universitarios y profesores, y amplificar así el impacto de todas estas iniciativas difundiéndolas en actividades como la que nos reúne hoy.

Es interesante que este premio se aboque en todo el circuito que impacta en la cultura científica: la escuela para niños y jóvenes, y sus docentes; y el espacio de educación no formal y los instrumentos tecnológicos que nos ayudan a acercarnos a la ciencia. Las categorías de este galardón, que hoy presentamos en su quinta versión, premia a cinco niveles: la Educación Científica Formal, la Educación Científica No Formal, la Educación Científica Universitaria, La Educación Científica Formación Docente, y la Educación Científica y Tecnologías de Información y Comunicación; buscando en todas estas categorías la mejoría e innovación de la educación en ciencias en todos sus niveles.

La mirada sistémica de este Premio es importante, porque la mitad de lo que yo sé hoy sobre ciencias lo aprendí en la escuela, y la otra mitad, fuera de ella. Y sigo en aprendizaje. Seguro a ustedes les pasa lo mismo, a la mayoría les pasa así, no es una ocurrencia mía, está estudiado. Entonces ¿de qué hablamos cuando hablamos de educación en ciencias? “Hacer la ciencia entretenida” es el clásico eslogan de nuestro gremio, pero hacer la ciencia entretenida no puede limitarse a impartir conocimiento de forma creativa. Hay demasiados esfuerzos puestos en entregar información lúdicamente, en entregar datos de forma simpática, de decirnos todo lo que deberíamos saber y no sabemos pero con buena onda.

El acercamiento de las personas a la ciencia se da por tres factores: interés, necesidad y curiosidad. Durante la gestión del proyecto Julieta en La Tierra de las Niñas, nos dimos cuenta cuán obsesionada está nuestra comunidad, esta comunidad que busca construir los mejores caminos para el diálogo entre ciencia y sociedad, cuán obsesionada está con transmitir datos. Es decir, hay una obsesión con uno de los factores que nos acerca a la ciencia, la necesidad. La necesidad de transmitir conocimiento basal, la necesidad de aprender que todos tenemos. Pero hoy quiero invitarlos a no olvidarse del interés, a no olvidarse de la curiosidad. El interés y la curiosidad son frágiles, y tienen pocos aliados en nuestro mundo. Y cuando el interés y la curiosidad se fomentan, la necesidad por aprender se enriquece y hasta se autonomiza.

Cuando estábamos en el diseño de la Bitácora de Julieta en la Tierra de Las Niñas, que es el corazón de nuestro proyecto, una libreta para que las niñas anotaran lo que veían, y donde les sugeríamos actividades para realizar en la naturaleza urbana o rural, mucha gente nos preguntó ¿Y no le van a entregar las respuestas? ¿Cómo se llaman los pájaros que probablemente van a ver en la plaza? ¿Cómo se formó la cordillera? “No”, les decíamos, no les vamos a dar respuestas, queremos que se hagan preguntas, y que entiendan el valor de preguntar y el desafío de buscar respuestas.

Nuestro proyecto no busca educar, entendiendo la educación como la entrega de información. Nuestro proyecto busca educar en la existencia de nuevos roles, en la posibilidad de nuevos juegos. Parte de nuestro proyecto implicó salidas a terreno con niñas y científicas. Era primera vez que ellas compartían con mujeres que dedicaban su vida a buscar respuestas. Llevamos a 30 niñas a conocer la montaña y una de ellas, preocupada, me preguntó por la mañana: “¿A qué hora volvemos? Tengo que ayudar a mi mamá a hacer pasteles para venderlos en el negocio”. Más tarde, esa misma niña me dijo que no quería volver a casa, que este había sido el mejor día de su vida. Esa niña, en ese paseo a la montaña, volvió a soñar con un futuro que no necesariamente implicaba batir merengue y hornear masas. Creo que no necesitamos enseñarle nombres de pájaros para eso.

Muchas gracias.

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