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Derribando estereotipos

73 Posteado por - 10 febrero, 2018 - [XX]iencia, 11F

Columna escrita por socias de la Asociación “Red de Investigadoras”:

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Ariana Bertin Benavides, doctora en Biología Molecular.

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Cynthia Vergara Maldonado, doctora© en Ciencias Humanas.

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Karina Bravo Flores, doctora en Neurociencia.

 

Cada vez que nos vemos enfrentadas a escribir sobre mujeres en ciencia, los cuestionamientos en quienes hemos elegido esta área son comunes ¿Por qué nos interesamos en una carrera científica? ¿Cuáles fueron nuestros estímulos de pequeñas? ¿Quiénes fueron nuestras referentes? ¿Qué obstáculos nos ha tocado enfrentar? Si bien, nuestras respuestas pueden ser diversas, todas tenemos una acción que funciona como un común denominador: derribar estereotipos.

Ser investigadora Chile y en cualquier institución que mantiene la norma masculina, es un gran desafío. Desde temprana edad las niñas están expuestas a un constructo social femenino estereotipado. Deben vestir de rosa, jugar sólo con muñecas y no levantar la voz, entre otras normas sociales. Durante la educación formal escolar se enfrentan los primeros sesgos de género, minimizando el acceso de las niñas a la educación científica, evitando actividades fuera de los modelos formales androcéntricos.

Las raíces del problema

Potenciar el pensamiento crítico, experimentar en matemáticas o biología, cuestionar las leyes fundamentales de la naturaleza que nos rodea, por nombrar algunos, no son objetivos “esenciales” para la formación de una niña. Sin ir más lejos, las profesiones que nos inculcan en los ambientes de juego infantiles son: profesora, enfermera, dentista. Excepcionalmente, o nunca, doctora, filósofa, matemática, astrónoma, bióloga, entre otras.

Lo descrito, en el siglo XXI, es un sin sentido. Las habilidades intelectuales se adquieren por igual entre géneros. Por esto, los y las docentes deben ser educados sobre las diferencias provocadas por el estereotipo. De esta forma, ellos podrían minimizar las diferencias que se reflejen en actividades experimentales inclusivas, las que serán determinantes en la decisión vocacional.

El desafío está en alentar la incorporación activa de las niñas en actividades que involucren cálculo, física, química, informática e ingeniería. Acá es clave que las evaluaciones y estándares se basen en el desempeño. Lo anterior porque logra fomentar el crecimiento y aprendizaje autogestionado, lo que las ayudará a identificar fortalezas y debilidades, relevantes para sus futuros intereses.

Una carrera de resistencia

Si bien, es en la educación formal cuando elegimos una carrera científica, superando una primera barrera de estereotipos, los obstáculos no terminan. En la universidad chocamos con una gran muralla: “las carreras científicas son para hombres”. Hay cientos de mujeres que enfrentan este prejuicio. Dentros de este grupo estoy yo, Ariana Bertin, almacenando en mi memoria una mala experiencia de mi pregrado, hoy convertida en mi motor.

Recuerdo con rabia y pena cuando un profesor en la clase sobre peces comentó ‘a las alumnas les va mejor cocinándolos que estudiándolos’. Fue como si un puñal atravesara mi conciencia. Mientras a mi alrededor casi todos y todas reían, yo no supe cómo enfrentarlo o qué decir. Estaba muy enojada. Sin embargo, fue una situación inspiradora para continuar derribando barreras y para ser mujer activa de los cambios que como sociedad necesitamos.

Pero esto no termina acá. Cuando con gran esfuerzo, y luego de muchos años de estudio, logramos insertarnos en la academia, tenemos quizás las barreras más difíciles de cambiar: la maternidad y la desigualdad en la validación profesional.

Continuamente, nos enfrentamos a preceptos androcéntricos en la academia, tales como: las mujeres publicamos menos, las diferencias de opiniones son producto del exceso emocional, debemos hacer pausas en nuestras carreras para criar y ocupamos menos posiciones directivas y de poder. Es así como una de las alternativas dentro de la academia ha sido adoptar un prototipo de mujer masculinizada: “ser como los hombres y no optar a la maternidad”.

Academia, la eterna arena de lucha

La deconstrucción de este sujeto femenino masculinizado, moldeado por las instituciones e incluso desde otras mujeres, debe cambiar. Es necesario desarrollar mensajes inclusivos en los beneficios societarios de seguir las pasiones, promoviendo la integración de las ciencias exactas, sociales y artes. También se debe incluir institucionalmente el clima inclusivo, con tutorías y evaluaciones de las disoluciones del sesgo de género. Además, es preciso crear mecanismos que aseguren el acceso a fondos de investigación por desempeño. Por último, es muy importante el apoyo activo en el equilibrio entre el papel profesional y la vida personal, mejorando las políticas del cuidado infantil.

Parece tal vez que ambicionamos mucho, pero no somos las primeras en albergar estos deseos. Miles de mujeres ya han dado esta batalla para darnos los pocos espacios que hoy tenemos. Ejemplos como los de Hipatia, Marie Curie, Lynn Margulis, Frida Kahlo, Rosalind Franklin, Rosa Luxemburgo, Eloisa Díaz, entre muchas otras, son hoy nuestros referentes y grandes ejemplos a seguir.

Cambiar los estereotipos pasa primero por nosotras. Debemos educar a las nuevas generaciones, influir en las políticas de estado, establecer nuestras propias reglas fundadas en la armonía, solidaridad y amor. Es necesario valorarnos, ocupar posiciones públicas de referencia, pero sobre todo luchar. Hay que sumar a las sin voz para forjar una sociedad más justa basada en el respeto y la actitud colaborativa.

Finalmente, considerando las brechas de género en educación y composición de la fuerza laboral, Red de Investigadoras se plantea en un periodo muy desafiante. Una de nuestras mejores armas es la visibilización del talento de nuestras expertas, para mostrar su valor a la ciudadanía, precipitando así el cambio en las nuevas generaciones de niñas. Es esta acción la que logrará derribar la mayor cantidad de prejuicios, no sólo beneficiando a todas las que participan en la comunidad científica nacional, sino a la sociedad en su conjunto.

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